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Los bosques de niebla de Jalisco en riesgo por incendios

Bosque mesófilo del Parque estatal Nevado de Colima en Jalisco

La desaparición del bosque de niebla lleva a la posible extinción de especies únicas en el mundo omo el Acer binzayedii, o el oyamel de Jalisco enclavado en el Nevado de Colima (Abies colimensis).

Por: Agustín del Castillo (@agdelcastillo)

17 de mayo de 2019.- La presencia creciente de fuego en los bosques mesófilos de montaña, biológicamente los más diversos de Jalisco, pero con una distribución reducida, apenas unas 46 mil hectáreas o 1.1 por ciento de la superficie boscosa de la entidad, es una amenaza directa para su permanencia, advierten investigadores del Instituto Manantlán de Ecología y Conservación de la Biodiversidad (Imecbio).

En el caso de que el régimen de incendios se torne frecuente, lleva a la desaparición progresiva de este tipo de coberturas, mientras es la oportunidad de las florestas de pino y encino.

La desaparición del bosque de niebla lleva a la posible extinción de muchas especies únicas, caso de los arces de Talpa y Manantlán, únicos en el mundo (Acer binzayedii), o del oyamel de Jalisco enclavado en el Nevado de Colima (Abies colimensis).

En esta temporada, estos bosques han estado sometidos a fuego, derivado de las condiciones climáticas adversas y el manejo deficiente de los bosques, donde predominan las mafias forestales y la autoridad tiene escasa presencia.

“El régimen potencial característico de incendios de los bosques mesófilos de montaña es de incendios raros u ocasionales, limitados por la humedad, superficiales, ligeros y de severidad mixta a alta, similar al de las selvas altas perennifolias. En este tipo de régimen, los incendios que llegan a ocurrir modifican la estructura de la vegetación formando claros con un microclima más seco que el del interior del bosque y causan la acumulación de hojarasca y residuos leñosos por la mortalidad de árboles, lo cual crea condiciones favorables para la propagación de nuevos incendios, cuyos efectos son aún más severos”, señalan en Ecología y manejo de los bosques mesófilos de montaña en México, los investigadores Enrique Jardel Peláez, Ramón Cuevas Guzmán, Ana Luisa Santiago Pérez y Juan Manuel Rodríguez-Gómez.

Cuando se presentan varios incendios sucesivos en los bosques mesófilos de montaña, los investigadores añaden que pueden llevar a su remplazo por bosques de pino-encino, cuyas camas de combustible son altamente inflamables; esto puede producir un cambio de régimen con incendios más frecuentes, que favorecen la persistencia de los pinos, resistentes al fuego superficial y con capacidad de establecerse en los claros.

Bosque mesófilo del Parque estatal Nevado de Colima en Jalisco

A la inversa, “cuando ocurren periodos de varios años sin incendio en bosques de pino-encino contiguos a bosques mesófilos de montaña, en zonas con condiciones húmedas o muy húmedas por el clima o la geoforma, las especies arbóreas del mesófilo pueden colonizar y establecerse en el sotobosque (vegetación formada por matas y arbustos que crece bajo los árboles de un bosque o monte) de los pinares.

Tanto Talpa como Manantlán y el Nevado de Colima, de Jalisco, corresponden a la vertiente del Pacífico, donde predomina un “régimen de incendios frecuentes, superficiales, de baja severidad, característico de los bosques de pinos y encinos (…) este régimen de incendios limita la distribución espacial de los bosques mesófilos, que quedan confinados a unidades geomorfológicas húmedas (barrancas, cañadas y hondonadas), que funcionan como refugios del fuego. Dado que los regímenes de incendios están controlados a escala del paisaje por el clima, se predice que el calentamiento global aumentará la actividad de incendios; esto acrecentará la vulnerabilidad de los bosques mesófilos de montaña a los siniestros y puede favorecer su remplazo por pinares y encinares”.

Tomando esto en consideración, “el manejo del fuego es fundamental para la conservación de los bosques mesófilos de montaña. En las zonas muy húmedas, la combinación de la fragmentación causada por la deforestación, una mayor frecuencia de igniciones debidas a quemas de desmonte y los efectos del cambio climático, puede inducir un cambio en el régimen de incendios, que provocaría, a su vez, el remplazo de los bosques de niebla; en las zonas húmedas, la vulnerabilidad del bosque mesófilo de montaña al fuego es mayor”.

Bajo estas evidencias, concluyen los científicos, es fundamental “señalar los siguientes aspectos clave para el manejo de esta formación vegetal: uno, su conservación en áreas protegidas o mediante otros instrumentos de gestión del territorio; dos, el manejo de la matriz del paisaje circundante; tres, el manejo del fuego; cuatro, el aprovechamiento sustentable de recursos naturales en sistemas de producción silvícola y agroforestal; cinco, la restauración ecológica o la rehabilitación productiva de áreas transformadas o degradadas ocupadas originalmente por bosques mesófilos de montaña y, por último, el manejo en el contexto de la mitigación y adaptación al cambio climático global”.

Un bosque residual

1.1% de la superficie boscosa de Jalisco es mesófilo de montaña o “de niebla”, esto es, 46 mil hectáreas de un total de cerca de 4.2 millones de hectáreas

Los bosques mesófilos de montaña contienen una diversidad biológica altísima: se calcula que ejemplares de cerca de un tercio de la flora de México habita allí, en apenas 2 por ciento de la superficie boscosa

Agustín del Castillo

Periodista especializado en temas de medio ambiente