26 de enero de 2026.- En la costa de Jalisco en el Pacífico mexicano, el Campamento Tortuguero de Mayto celebra un hito significativo: 20 años de labor ininterrumpida.
Lo que comenzó como un proyecto estudiantil en el verano de 2005 se ha transformado en un referente de educación ambiental y protección de especies donde las tortuga golfina y carey han encontrado apoyo y refugio.
Israel Llamas González es cofundador y actual responsable del campamento, narra la evolución de este esfuerzo que ha sobrevivido a huracanes, crisis económicas y la erosión costera, logrando la protección de miles de nidos en sus 14 kilómetros de largo.

La historia del campamento se remonta a junio de 2005, cuando el biólogo Hermes Celis y Israel Llamas fueron invitados por el doctor Armando Soltero, director de la Preparatoria Regional de Puerto Vallarta, para crear un programa de conservación que hasta esa fecha no existía en la zona.
“El programa de protección y conservación de tortuga marina en Mayto inició en el verano del 2005 […] hasta esa fecha no había tenido ninguna labor de conservación”, relata Llamas González.

Durante sus primeros años, el campamento operó bajo un esquema único impulsado por la Universidad de Guadalajara (UdeG), enfocándose en la participación de estudiantes de bachillerato.
“Se caracterizó Mayto por ser un campamento emblemático en la combinación de estancias de fines de semana con decenas de jóvenes de preparatorias”, explica Israel.
Aunque en 2009 se creó la Asociación Civil y posteriormente, hacia 2012, hubo una separación formal de la UdeG debido a diferencias en los objetivos, el modelo de educación ambiental persistió y se consolidó.

El «Modelo Mayto»
A diferencia de otros campamentos puramente técnicos, Mayto ha mantenido su esencia educativa. Actualmente, reciben un promedio de 700 jóvenes al año, incluyendo 150 participantes en estancias de verano y cientos de estudiantes de preparatorias de Guadalajara y otros estados durante el ciclo escolar.
El impacto de estos voluntarios trasciende la playa.
“Los jóvenes tienen un programa en donde sí se hace una participación social en los poblados de Mayto, de Tehuamixle, de Villa del Mar, de Ipala desde pintar fachadas, machuelos, hemos pintado puentes, hemos hecho reforestación”, detalla Llamas.

El trabajo constante ha rendido frutos tangibles en la recuperación de la tortuga golfina (Lepidochelys olivacea), que representa el 99% de la actividad en esta playa, aunque también llegan de vez en cuanto ejemplares de tortuga laud (Dermochelys coriacea).
¿Cómo ha evolucionado la protección de los nidos en estos 20 años?
“En estos 20 años se ha triplicado. Nuestra primera temporada recuerdo que apenas sobrepasamos 500 nidos protegidos. Ahorita hemos llegado a tener temporadas hasta de 2 mil nidos resguardados”, comenta Israel.
Destaca también que la efectividad de la protección ha aumentado drásticamente. Mientras que antes del 2005 se estimaba que se perdía el 80% de los nidos por saqueo y depredación, hoy la protección ronda el 90%.
Además, el ciclo biológico comienza a cerrarse:
“Prácticamente hace 5 años pudiéramos decir que ya estamos teniendo anidación de tortuguitas que pudimos liberar, las tortugas que nosotros cuidamos y liberamos están regresando”.
Para lograr esta cobertura en una extensión de playa tan larga, el uso de cuatrimotos es indispensable, especialmente ante la falta de vigilancia oficial constante en la zona.
Los últimos años han presentado el reto más difícil para el campamento: la crisis climática. Entre 2020 y 2024, la erosión y el paso de huracanes destruyeron la infraestructura original que se encontraba a pie de playa.
“Con el paso de huracanes, el cambio climático, la erosión de la playa, ya no fue viable mantener nuestra infraestructura al pie de playa […] ya no estamos tal cual sobre la playa”,
confirma Israel.
Ante esta adversidad, el campamento ha tenido que reubicarse tierra adentro, cruzando el estero, donde actualmente construyen un nuevo Centro de Educación Ambiental.
Esta transición ha sido posible gracias al apoyo de la sociedad civil, patrocinadores y empresas locales que han ayudado a la recuperación financiera tras el golpe de la pandemia.
Más allá de las cifras, el legado de Mayto reside en las personas. El campamento ha servido como plataforma para numerosos biólogos y conservacionistas que hoy lideran sus propios proyectos, como Mitzi Núñez en Bahía de Banderas y Farid Zavala en Pérula.
Un logro científico destacado es el trabajo con la tortuga carey (Eretmochelys imbricata) en la zona de Tehuamixtle. Aunque esta especie no anida masivamente ahí, se ha logrado proteger una zona vital de alimentación para juveniles.
“Hemos logrado su protección únicamente con el esfuerzo en una zona de alimentación donde de la mano con pescadores de la comunidad de Tehuamixtle se ha logrado recuperar mucho esta población juvenil”, señala el biólogo.
A 20 años de su fundación, el Campamento Tortuguero de Mayto mira hacia el futuro con nuevas instalaciones y el compromiso de seguir siendo una escuela donde se aprende a amar y conservar la naturaleza.








