1 de octubre de 2025 –Jane Goodall murió hoy en California a sus 91 años de edad. Fue una revolucionaria del mundo de la ciencia. A sus 26 años se adentró en África, comenzó a analizar el comportamiento de los chimpancés y transformó su curiosidad en conocimiento científico que se reconoce a nivel mundial.
El Instituto Jane Goodall informó que la muerte ocurrió durante una gira de conferencias en Estados Unidos, específicamente en California, donde se encontraba promoviendo sus esfuerzos por la protección animal.
Nacida como Valerie Jane Morris-Goodall el 3 de abril de 1934 en Londres, Inglaterra, Goodall creció con una pasión innata por los animales, inspirada en libros como Tarzán y El libro de la selva.
Sin una educación universitaria formal inicial –ya que provenía de una familia de clase media y enfrentó barreras de género en la ciencia–, trabajó como secretaria antes de viajar a África en 1957.
Allí, bajo la mentoría del paleoantropólogo Louis Leakey, inició su trayectoria que la convertiría en una de las figuras más influyentes del siglo XX.
En 1960, a los 26 años, Goodall llegó al Parque Nacional Gombe Stream en Tanzania para observar chimpancés salvajes, un estudio que se extendería por décadas y redefiniría la comprensión humana sobre los primates.
Sus observaciones pioneras demostraron que los chimpancés fabrican y usan herramientas –como ramas para extraer termitas–, exhiben comportamientos sociales complejos, emociones como el duelo y el amor filial, y hasta prácticas como la caza de carne.
Estos hallazgos desafiaron la noción antropocéntrica de que solo los humanos poseían tales capacidades, revolucionando la etología y la antropología.
A lo largo de su vida, Goodall no solo fue científica, sino una activista incansable. En 1977, fundó el Instituto Jane Goodall, una organización dedicada a la investigación, conservación y educación ambiental, que hoy opera en múltiples países para proteger hábitats amenazados y combatir el tráfico de especies.
En 1986, tras una conferencia que expuso el maltrato a primates en laboratorios, abandonó el trabajo de campo para enfocarse en el activismo global contra la deforestación, el comercio de carne de animales silvestres y el cambio climático.
En 1991, creó el programa Roots & Shoots, un movimiento juvenil que empodera a miles de jóvenes en casi 100 países para abordar problemas ambientales, sociales y humanitarios.
Su labor la llevó a ser nombrada Mensajera de la Paz de las Naciones Unidas en 2002, y recibió honores como la Orden del Imperio Británico (DBE) y premios internacionales por su contribución a la ciencia y la conservación.
Goodall, quien se casó dos veces y tuvo un hijo, Hugo Eric Louis van Lawick, mantuvo una vida dedicada a la causa hasta sus últimos días, viajando incansablemente para dar conferencias y abogar por un mundo más sostenible.
«Cada individuo importa, cada individuo tiene un rol que jugar, cada individuo hace una diferencia», era una de sus frases emblemáticas, que resume su legado de esperanza y acción.
Líderes mundiales, científicos y activistas han expresado su duelo. El secretario general de la ONU destacó su rol como «pionera en recordarnos nuestra conexión con la naturaleza». Su partida deja un vacío, pero su influencia perdurará en generaciones futuras comprometidas con la preservación del planeta.




