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Nevado de Colima: salvar un bosque con la ayuda de las comunidades

Abetos del Nevado de Colima. Foto: Agustín del Castillo

El futuro de un árbol endémico y de su ecosistema depende, en buena medida, de frenar la tala ilegal y expansión de los sembradíos de aguacate en el sur de Jalisco.

Por: Agustín del Castillo (@agdelcastillo) /Mongabay

9 de abril de 2020.-Desde hace 20 años, el oyamel Abies colimensis está en el corazón de las luchas que se han dado por conservar los bosques templados del sur de Jalisco, en el centro de México. Hoy, el futuro de ese árbol y de su ecosistema dependen de que no avancen aún más los sembradíos de aguacate y, sobre todo, de que las comunidades sean aliadas en su protección.

El Abies colimensis es un oyamel cuya distribución se reduce a los alrededores del Nevado de Colima. Por encontrarse en un territorio tan limitado, en noviembre de 2019, este árbol se incluyó en el listado de la Norma Oficial Mexicana 059, bajo la categoría de especie En Peligro de extinción.

El Nevado de Colima tiene una altitud de 4 260 metros sobre el nivel del mar. Foto: Agustín del Castillo.

Detener la comercialización de su madera e impulsar políticas que permitan conservar los bosques en donde subsiste este árbol son acciones urgentes, explica el biólogo José Villa Castillo, director del Parque Nacional Nevado de Colima y del Parque Estatal Bosques Mesófilos del Nevado de Colima, y uno de los promotores de que esta especie se incluyera en la NOM-059.

El desafío para conservar este árbol es enorme, reconoce el funcionario. A la presión que existe para aprovechar —sin un manejo sustentable— la madera de los bosques, también se debe sumar un nuevo problema: la expansión de la frontera aguacatera.

Si se le deja crecer, el Abies colimensis puede llegar a ser monumental: alcanza hasta 60 metros de altura y dos de diámetro. Para proteger a este gigante, especialistas y comunidades impulsan proyectos de ecoturismo y conservación dentro de los dos parques que se extienden a los pies del Nevado de Colima.

Incendios que abren paso al aguacate

En el 2012, un grupo de investigadores de la Universidad de Guadalajara (UdeG) propusieron a la Secretaría de Medio Ambiente y Recursos Naturales (Semarnat) el reconocimiento del Abies colimensis como especie única, diferenciada del Abies religiosa, que es el oyamel o abeto dominante en el Eje Neovolcánico, en el centro de México.

El Abies colimensis “tiene una diversidad genética extremadamente baja, la más baja conocida entre todas las especies de Abies de Mesoamérica y una de las más bajas entre las especies arbóreas del planeta”. Su área de ocupación “es muy reducida, de aproximadamente 150.02 kilómetros cuadrados”, es decir, 0.007 por ciento del territorio de México, escribieron los autores de la propuesta para incluir a esta especie en la NOM-059.

Con sus 4260 metros sobre el nivel del mar, a menos de 40 kilómetros del océano Pacífico, el Nevado de Colima es una de las ocho cumbres que superan los cuatro mil metros en México; una isla evolutiva, porque sus ecosistemas en la parte alta presentan adaptaciones únicas sin interacciones en cientos de kilómetros a la redonda.

Y el oyamel Abies colimensis es un ejemplo de la diferenciación biológica que existe en ese lugar, explica la investigadora Libertad Arredondo, experta en ecología de alta montaña.

Los bosques de oyamel se ubican, sobre todo, a media ladera o en barrancas y cañadas. Foto: Agustín del Castillo.

Si bien este árbol se mantuvo en esa “isla evolutiva”, su panorama comenzó a complicarse con el impacto de la deforestación —en lo que contribuyó la entrega, sin justificación, de permisos para aprovechamiento forestal— y de los incendios provocados para cambiar el uso de suelo, señalan los expertos que la propusieron como especie en riesgo.

Su lenta tasa de crecimiento, su alto grado de erosión genética, los efectos del cambio climático y la migración de nubes a partes más altas (fuente de humedad indispensable para los oyameles) complican aún más el panorama para este árbol, resaltan los investigadores.

José Villa Castillo, experto en genética y reproducción de pinos, confirma que el oyamel del Nevado de Colima no se ha podido reproducir con éxito en viveros, lo que imposibilita el poder realizar acciones de reforestación para su recuperación.

Los bosques de oyamel donde se encuentra el Abies colimensis se sostienen en un clima frío y húmedo, con luz escasa y penumbra a nivel del sotobosque (el estrato de arbustos).

Se ubican, sobre todo, a media ladera o en barrancas y cañadas. La especie prospera entre dos tipos de vegetación: bosque mesófilo de montaña y bosque de coníferas y encinos, pero requiere de un hábitat primario, es decir, un bosque integral con baja perturbación humana.

El fuego es uno de sus principales enemigos, ya que las probabilidades de supervivencia de plántulas de Abies son mínimas, agrega el director del parque.

En los últimos años, se han registrado cada vez más incendios provocados en la zona forestal, para así justificar el cambio de uso de suelo y sembrar aguacate.

Vegetación del bosque mesófilo de montaña que también se pueden encontrar en los alrededores del Nevado de Colima. Foto: Agustín del Castillo. Vegetación del bosque mesófilo de montaña que también se pueden encontrar en los alrededores del Nevado de Colima. Foto: Agustín del Castillo.

La investigadora de la Universidad de Guadalajara, Sonia Navarro Pérez, quien ha realizado monitoreos e inventarios biológicos en la zona, ha sido testigo de cómo el auge de la siembra de aguacate ha provocado la pérdida de importantes áreas de bosque.

Y cuenta el caso de la comunidad indígena de San José del Carmen, ubicada en el municipio de Zapotitlán de Vadillo, cerca de uno de los manchones de bosque nuboso: “estábamos trabajando con ellos para establecer alternativas productivas amables con la naturaleza. Pero cuando llegó el aguacate, nos rebasó por completo”.

Desde 2013, los bosques de coníferas del Nevado de Colima han perdido más de 6578 hectáreas, por causa de los incendios provocados para el cambio de uso de suelo para cultivos de aguacate, ganadería, así como por la tala ilegal, de acuerdo con datos del Índice de Presión Económica (Riesgo) de Deforestación (IRDef-INECC 2018).

“Una superficie original de 7 mil hectáreas de bosque específicamente de oyamel está reducida a la mitad”, advierte el director de los parques nacional y estatal del Nevado de Colima, José Villa Castillo.

La expansión de la siembra del aguacate es la amenaza más reciente de una serie de usos que han impactado en forma negativa la conservación de los bosques del macizo montañoso.

Bosque mesófilo de montaña en San José del Carmen, dentro el Parque estatal creado en 2009. Los ejidatarios protegen voluntariamente el bosque desde hace al menos dos décadas. Foto: Agustín del Castillo.

Entre los años cuarenta y noventa del siglo XX, la Compañía Industrial Atenquique, una paraestatal, usó en exclusiva la madera de estos bosques bajo una concesión del estado mexicano. El efecto fue “que los bosques fueron descremados, es decir, se llevaron lo mejor”, apunta Villa Castillo.

Tras el término de la concesión, en 1995, no se transitó a un modelo sostenible de extracción de madera: los ejidatarios y los pequeños propietarios se limitaban a vender barato “el monte” a las nuevas industrias madereras ubicadas en Ciudad Guzmán.

“Allí se daban muchos abusos contra las comunidades, se daba el dinero a los caciques, se dejaban limosnas al pueblo y nuestros bosques eran muy mal manejados”, asegura Rafael González Merín, expresidente ejidal de Huescalapa.

Por eso, la apuesta de este ejido, pese a las inercias, es la conservación con proyectos productivos.

Conservar un árbol de mano de las comunidades

A diferencia de las comunidades que se han dejado seducir por la siembra del aguacate, el ejido de Huescalapa —en cuyas tierras comunitarias, que ocupan más de 1200 hectáreas, se levantan bosques umbrosos y húmedos de pino, oyamel y mesófilo de montaña— ha resistido la tentación.

El ejido también ha hecho a un lado las propuestas que han recibido de la industria forestal que se ha interesado en comprar sus árboles.

En esta región de Jalisco, la actividad extractiva de madera “ha sido muy negativa, porque la industria ha manejado muy mal superficies delicadas, con especies tan restringidas, por lo que estamos apoyando y detonando proyectos con las comunidades”, explica Gerardo Bernabé Aguayo, presidente del patronato Nevado de Colima y Cuencas Adyacentes, asociación civil creada hace dos décadas por impulso del gobierno del estado y que acaba de recibir el parque federal en coadministración, en busca de canalizarle los recursos fiscales destinados al área natural.

Para impulsar la conservación de los parques federal y estatal, esta asociación también cuenta con el financiamiento del sector privado regional.

El patronato maneja seis millones de pesos (poco más de 246 mil dólares) aportados por el Gobierno del Estado de Jalisco en 2020; con los recursos del sector privado ha podido acceder a casi un millón y medio más (61 500 dólares).

Zona devastada de oyameles, donde se realizó tala sin tener un control adecuado. Foto: Agustín del Castillo.Zona devastada de oyameles, donde se realizó tala sin tener un control adecuado. Foto: Agustín del Castillo.

El ejidatario y presidente de la cooperativa ecoturística El Alcázar, Rodrigo Cantera Hernández, explica que los caciques de Huescalapa —familias que por siempre controlaron el ejido—, sacaron madera de los bosques de oyamel, “pero no reportaban nada de dinero a los demás campesinos, por lo que luchamos para expulsarlos y lo logramos apenas hace un par de años”.

En esta comunidad, los conflictos por la madera se han registrado en tres momentos durante los últimos 20 años:

En 1999, un grupo de ejidatarios vendió el “monte” a una industria forestal de Ciudad Guzmán; una movilización ciudadana detuvo la tala cinco meses después.

En 2012, las autoridades ambientales otorgaron una nueva autorización para el aprovechamiento forestal en estos bosques, así que se retomó la extracción de oyamel.

Un dictamen del Instituto de Derecho Ambiental (Idea), en donde se mostraban las evidencias científicas sobre la singularidad de los abetos de la montaña, obligó a la Semarnat a retirar el permiso.

En 2015, una nueva autorización para el aprovechamiento de madera en el bosque de niebla fue suspendida por un juez federal.

Para que comunidades, como el ejido Huescalapa, puedan tener opciones económicas que no impliquen el aprovechamiento de madera —debido al impacto que eso puede tener en la población que aún queda de Abies colimensis—, se impulsan acciones como el ecoturismo.

El objetivo, señala Gerardo Bernabé Aguayo, es que el bosque natural se conserve como “un capital para la contemplación, el disfrute, la preservación de servicios ambientales y la investigación”.

La cooperativa El Alcázar recibió en 2019 poco más de un millón de pesos, recursos que permitieron contar con la infraestructura básica para el proyecto ecoturístico.

En 2020, existe la posibilidad de otro financiamiento por 3 millones de pesos más para completar el equipamiento y mejorar los caminos, pero el apoyo fue bloqueado en la asamblea del ejido, “no han entendido que es para beneficio de todos, que no es dinero para nuestros bolsillos”, lamenta Rodrigo Cantera Hernández, el presidente de la cooperativa.

En el ejido Huescalapa, uno de los retos para impulsar el centro ecoturístico ha sido las divisiones que existen en la comunidad, entre quienes buscan realizar aprovechamiento de madera y aquellos que ya están convencidos de la importancia de la conservación.

El director de los parques nacional y estatal del Nevado de Colima, José Villa Castillo, destaca que además del centro ecoturístico El Alcázar, se impulsan proyectos similares en los ejidos San José del Carmen y Zapotitlán de Vadillo, en la ladera sur, muy cerca del límite de Jalisco con el estado de Colima.

María de la Luz Cortés Reyes, ejidataria y líder de la cooperativa de Amixtlán, creada en de San José del Carmen. Foto: Agustín del Castillo.María de la Luz Cortés Reyes, ejidataria y líder de la cooperativa de Amixtlán, creada en de San José del Carmen. Foto: Agustín del Castillo.

En el ejido San José del Carmen, cerca de los límites con el estado de Colima, se encuentra el centro ecoturístico Amixtlán. Se trata de un núcleo de cabañas a la entrada del bosque de niebla que, desde 2009, está bajo la categoría de Parque Estatal.

“Nosotros decidimos proteger nuestro bosque mucho antes de que declararan el parque estatal, 20 años antes”, cuenta María de la Luz Cortés Reyes, líder comunitaria en San José del Carmen y recuerda que, “cuando llegaron los madereros a querer comprar el monte”, los ejidatarios consideraron que ofrecían un pago muy bajo y “los destrozos (que dejaban) eran muchos”. Por eso, decidieron “no tocar el bosque, porque nos produce agua para los cultivos y para nuestras casas”.

Cortés Reyes explica que el ejido logró construir el centro ecoturístico porque contó con recursos gestionados por el parque y el patronato. Pero señala que hace falta dar mayor promoción a la zona, además de resolver problemas urgentes, como la red de abastecimiento de agua.

Una vista del volcán activo, llamado de Colima o de Fuego (vecino del Nevado de Colima), desde el desarrollo ecoturístico de Amixtlan, en San José del Carmen, Jalisco. Foto: Agustín del Castillo

En el ejido Zapotitlán de Vadillo también impulsaron el centro ecoturístico Puerta de la Hacienda, donde la administración de los parques apoya la producción biocultural de agave del maestro mezcalero Macario Partida de Zapotitlán de Vadillo; lo mismo hacen con el maestro mezcalero Rosario Pineda, de la comunidad Tetapán.

Otros proyectos productivos que se impulsan entre las comunidades son la producción orgánica de huevos de mesa, de la pequeña productora Efigenia Larios, de la comunidad El Tecuán.

Además, a los ejidos Zapotitlán de Vadillo, San José del Carmen y Huescalapa se les proporciona equipo para las brigadas de prevención de incendios y material para obras de restauración de suelos forestales.

También se realizan murales artísticos con el tema de la conservación del bosque en las comunidades de San José del Carmen y Zapotitlán de Vadillo.

La intención es que los poseedores de derechos en esta frágil montaña, “comprendan que hay otras opciones a la tala, y que les puede generar desarrollo”, advierte la investigadora Libertad Arredondo.

De este modo, y pese a la fuerte presión para cambios de uso de suelo inducidos por la agroindustria millonaria del aguacate y propiciados por la alta impunidad que prevalece en la zona rural, muchos dueños de la tierra tratan de encontrar un modelo en el que sus bosques permanezcan.

Así lo advierte José Avalo Lino, campesino de San José del Carmen: “muchos vecinos dicen que estamos tontos por no querer vender tan bonito monte que tenemos; pero ese dinero nomás te dura un rato. Estamos tan convencidos de impedir la tala que, mucho antes del decreto de Área Natural Protegida, nuestra asamblea del ejido ya había decidido salvar este bosque. Vamos a seguir necios en esta decisión”, subraya orgulloso.

Agustín del Castillo

Periodista especializado en temas de medio ambiente. Ganador del premio para América Latina de la Fundación Reuters y la UICN en el año 2008. Obtuvo el Reconocimiento Nacional de Conservación de la Naturaleza en 2005, y el premio nacional de periodismo ambiental 2010 patrocinado por la UdeG y Greenpeace. Galardonado en varias ocasiones con el Premio Jalisco de Periodismo.

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